COP26: The Bon Accord

COP26: The Bon Accord

La Conferencia del Clima COP26 empezó con muchas dudas y el mal tiempo de Glasgow. Pero en el número 153 de la North Street de la ciudad escocesa hay un pub llamado The Bon Accord: Un presagio de lo que podría pasar después de dos semanas.

Los que llevamos algunos años estudiando y participando en estas conferencias sabemos que al final sólo hay dos opciones: la falta de acuerdo, como en Madrid en 2019 o, peor aún, en Copenhague en 2009, o un buen acuerdo, como en París en 2015 o en Río de Janeiro en 1992. Existen también unicornios –símbolo de Escocia– como el Protocolo de Montreal de 1987, pero el excelente acuerdo trata de algo mucho menos complicado que proteger la capa de ozono.

El Pacto Climático de Glasgow es un buen acuerdo. Insuficiente, descafeinado, injusto, decepcionante, “bla, bla, bla”, pero es un acuerdo alcanzado en un contexto inédito y que da el pistoletazo de partida para una carrera de fondo dentro del “estadio” del Acuerdo de París, como explicó John Kerry, un veterano de todas las COP y de Río.

En Glasgow por primera vez se acordó la disminución del carbón y el fin de los subsidios “ineficientes” a los combustibles fósiles, al mismo tiempo “proporcionando apoyo específico a los más pobres y vulnerables de acuerdo con las circunstancias nacionales y reconociendo la necesidad de apoyo hacia una transición justa”.

Simplemente el hecho de que aparezcan “carbón” y “combustibles fósiles” en un acuerdo con 197 países es todo un logro. Que Arabia Saudita, India, China, Estados Unidos, Rusia o Sudáfrica acepten su disminución es una victoria del multilateralismo, especialmente del buen trabajo del presidente de la COP26, el correctísimo Alok Sharma, y de su equipo. Para poner el Pacto de Glasgow en contexto, basta recordar que el Acuerdo de París, por ejemplo, no hace ninguna referencia a los combustibles fósiles, ni siquiera al peor de todos, el carbón.

El mundo ya se ha calentado 1,1 grados centígrados. Los planes climáticos actuales, si se cumplen, ya evitarían la catástrofe, pero aún así nos llevan a una zona muy peligrosa de 2,4 grados o de grados 1,8 si todo lo presentado y acordado en Glasgow, incluyendo los acuerdos voluntarios para el fin de la deforestación, la reducción de las emisiones de metano o el fin de los coches de combustión, se cumplen.

Financiación y velocidad

La meta de la carrera siguen siendo los 1,5 grados y es todavía alcanzable. Las grandes cuestiones ahora son la financiación y la velocidad de la carrera. Pero otra vez Glasgow da las pautas: exige que los países desarrollados aporten los prometidos 100.000 millones de dólares al año en 2025, que los países presenten sus planes climáticos revisados ya el año que viene y, concretamente, que debemos disminuir las emisiones de dióxido de carbono en un 45% hasta 2030, además de alcanzar emisiones netas cero en la mitad del siglo.

La consecuencia inmediata es que cualquier país, inversor o empresa que tenga metas menos ambiciosas que Glasgow debe revisar rápidamente sus planes, sin olvidarse de que la transición debe ser justa.

La nueva Alianza Financiera de Glasgow para Emisiones Netas Cero (GFANZ, por sus siglas en inglés), por ejemplo, se ha comprometido a invertir más de 130 billones de dólares de capital privado para transformar la economía en Net Zero. La GFANZ ya cuenta con 450 entidades de 45 países.

En paralelo, la Iniciativa de Objetivos Basados en la Ciencia (SBTi, por sus siglas en inglés) ha publicado un estándar para que las empresas definan sus planes para alcanzar emisiones netas cero. El estándar Corporate Net-Zero de SBTi es el primer marco del mundo con las directrices, criterios y recomendaciones que las empresas necesitan para establecer objetivos netos cero basados ​​en la ciencia.

La otra buena noticia de Glasgow es que las reglas del Acuerdo de París han sido finalizadas, incluyendo las del comercio mundial de créditos de carbono, finalmente desbloqueadas por Brasil. Estas reglas –aunque imperfectas– dan más seguridad jurídica a todos y podrán reducir los costes totales para disminuir drásticamente las emisiones en un contexto de desarrollo sostenible.

Aún así, el Pacto Climático de Glasgow, y especialmente los planes climáticos nacionales, son científicamente insuficientes para mantener vivo el limite de los 1,5 grados. En cualquier caso cheers a Glasgow y a su gente tan simpática. Ahora debemos dar una respuesta a los jóvenes y sobre todo al planeta, demostrando que el “bla, bla, bla” diplomático lleva a acciones sobre el terreno.

Marcio Viegas

Fundador y director general de SUST4IN, profesor e investigador

Tribuna publicada en Expansión, 16 de noviembre de 2021

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